
No riges las horas, las agujas giran por cicatrices selladas. No duelen aunque millones de letras consientan frases comprometidas. La ausencia de respuestas oscurecieron el claro que cobijaban mis manos un sinfín de comentarios. Ni siquiera la madurez pudo dar color a nuestra poesía. Una pelota que rebota y que a veces acierto, perdiendo el afán de comprender tantos años de tan poco aprendido.